De padres a hijas

Hola papá,

En esta carta te quería contar cómo están tus niñas y se me han saltado las lágrimas. Te echo mucho, mucho, de menos.

Las tres lo hacemos. Cada una a su manera. La mía ya sabes cuál es. Llorar mucho.

Tienes tres hijas como tres soles. Cada una con sus peculiaridades. Bien se podría decir que “cada una es de su madre”. Y “padre no hay más que uno”. Si es que no podemos ser una familia “normal” ni siquiera para aplicar los dichos populares…

A pesar de nuestras diferencias de edad, de forma de ser, de gustos,…conseguiste que las tres nos sintiésemos hermanas.

Yo estaba muy feliz en mi trono de hija única hasta que a los 9 años llegó Irene. Me hizo muchísima ilusión. Recuerdo perfectamente el día que viniste a buscarme al colegio cuando nació. Siempre he estado muy unida con ella. Bueno, siempre no. Ya sabes que a mí los niños no me van mucho y hasta que no se pudieron tener conversaciones medianamente decentes, no le hice mucho caso.

 

Cuando os miraba a Irene y a ti juntos era como ver dos gotas de agua. Los dos muy cariñosos y muy gansos. A mí me costó más mostrarte mi cariño, decirte que te quería, darte besos,… ¡Qué tonta y qué rancia fui! Ahora no es que sea un bollito de leche, pero he mejorado bastante.

Irene tiene una memoria alucinante y recuerda muchas cosas que le contabas y que ha vivido contigo. Hace poco me dijo que cuando hacías una foto a alguien decías “no les pidas que se rían, haz que se rían”.

Yo soy la que te conoce desde hace más tiempo y no recuerdo tantas cosas como ella. No te escuché ni te presté suficiente atención. No me imaginé nunca que te podías morir. Sé que es algo que tendría que pasar en algún momento (obvio) pero era un futurible que no pensaba que se hiciese presente, y tan rápido.

 

Cuando yo tenía 21 años nació Andrea. Si con Irene me llevó unos añitos acercarme a ella, con Andrea me ha llevado otros 21. La estoy empezando a conocer ahora y este es uno de los regalos que me has hecho al morirte. Al no estar tú, me has dado la posibilidad de decidir libremente si quiero tener a Andrea en mi vida o no. Ya no eres el nexo de unión, no nos “tenemos que” ver en una comida familiar. Siempre has fomentado mucho que tuviésemos contacto, pero como en cualquier relación, las cosas no se pueden forzar, se tienen que sentir. Yo me sentía muy lejos de Andrea, sobre todo por la diferencia de edad. Ella siempre se había llevado mejor con Irene. También porque ella le hacía más caso y yo pasaba mucho. Pero la pequeña me ha dado una lección de madurez que me ha dejado pasmada. Ahora la respeto y admiro. Ahora sí que lo siento. Y es muy bonita la sensación de amar, y no sólo la de querer como te contaba en otra carta.

 

Me gusta pensar que en cada una de nosotras hay una parte de ti y que juntas hacemos un “mini-tu”

 

Irene y yo colchoneras hasta la médula. A Andrea el fútbol se la trae al pairo (aún recuerdo el último partido en el Calderón y la niña con los cascos… se veía que disfrutaba muchiiisimo).

Andrea e Irene republicanas. A mí ya sabes que la monarquía me tira mucho.

Irene atea perdida, aunque cuando estabas en el hospital dejó a la parroquia sin estampitas de San Judas. Andrea tiene un punto espiritual pero más de energías. Y yo tengo el combo completo, Dios, el Universo, los astros,…

Respecto a la afición taurina, en este caso, soy tu única adalid. ¡Qué feliz me sentía yendo de tu brazo a las Ventas! Esos momentos en los que compartíamos algo solo los dos, valen oro.

Irene tiene tu sentido de humor, tus bromas, tu desparpajo, tu cercanía con la gente.

Andrea compartía tu afición por la música. Era un gusto veros cantar juntos.

Yo me uní hace unos años. Recuerdo cuando viniste a mi casa y te toqué la canción de Yiruma y te pusiste a llorar. A los dos días de morirte toqué esa canción en mi casa y la grabé. Creo que es la vez que más he sentido esas notas. Ahora cuando te echo de menos, la toco y te siento cerca, mirándome desde el sillón.

 

Lo que llevamos las tres es tu inmenso amor y esa alegría por la vida.

 

Gracias, papá, por darme dos hermanas y mostrarme el camino para amarlas.

Adela

 

 

Sin comentarios

Deja tu comentario