11 Jul Otra forma de entender la vida. Y la muerte.
Hola papá,
Ya sabes que desde que te fuiste el 24 de marzo de 2021 te he estado escribiendo en mi (nuestro) cuaderno rojo. Esta vez lo voy a hacer pero más a lo grande, o al menos de forma más pública, porque ironías de la vida, estoy haciendo un curso de Community Manager y una de las tareas es crear un blog en wordpress.
Ojalá te hubiese escuchado más (en esto, como en tantas otras cosas) y hubiese podido aprender de ti el “maravilloso” mundo del wordpress. Ahora ha cogido tu legado Rakus, un profe de Aula CM, que sorprendentemente me llama como tú lo hacías. Cuando le escuché decirme “Adelita” en clase, por casi me da algo.
Pues bien, aquí estoy haciéndote un homenaje. En el fondo me parece surrealista porque aún me cuesta aceptar que estás muerto. Tal vez sea porque aunque físicamente no estás, te siento muy cerca y toooodos los días pienso en ti. Así que diremos que “no estaba muerto, estaba de parranda”. Eso te pega más…
Con tu muerte se ha ido mi principal fuente de cariño. Eras la persona a la que acudía cuando tenía un mal de amores (que han sido unos cuantos) y con quien me encantaba compartir todas mis ideas e inquietudes porque siempre encontraba un gesto de amor y RISAS, muchas risas. Daba igual el “drama” de turno que te contase que siempre acababa riéndome.
Porque tú eres el que me has enseñado que hay “otra forma de entender la vida”.
Y a día de hoy, creo que también de entender la muerte.
El regalo que me hiciste, y que me sigues haciendo, al morirte no tiene precio.
Cuando estabas intubado en la Jiménez Díaz pude verte cinco veces. Cuatro vivo y una muerto. Puedo decir que es la experiencia más bonita que he vivido. Sólo sentía AMOR en pura esencia. No tenía miedo ni quería retenerte. Todo era perfecto. Sólo quería que estuvieses bien, que te sintieses apoyado y querido. Y que si decidías irte, lo hicieses en paz.
No había drama. Todo era perfecto.
Al final (jodío), decidiste marcharte. Aunque sabiendo que quien te esperaba era la Abella con los brazos abiertos, no me extraña.
En el tanatorio parecía que quien se había muerto era el Cholo. Te pusimos la bandera y la bufanda del Atleti en el féretro, y cuando alguien preguntaba por alguna de tus hijas, éramos muy fáciles de identificar porque todas llevábamos una camiseta del Atleti.
La corona de flores no podía ser sino de claveles rojiblancos y en la cinta se leía en letras bien grandes “AUPA ATLETI”.
Saliste del Calderón a la Almudena en un coche fúnebre, de esos que tan poco te gustaban. Pero hiciste el paseíllo por la M30 con tu corona de flores rojiblanca, diciéndole al mundo que un auténtico colchonero iba camino del tercer anfiteatro.
Aquí me gustaría dejar plasmadas las palabras que te escribí y que leí en el cementerio de la Almudena.
“Hay un amigo en mí, cuando eches a volar y tal vez añores tu dulce hogar, lo que te digo debes recordar, hay un amigo en mí.
Has sido muchas cosas. Papá, papichulo, el tito, marido, abebe, amigo, Miguelín, Palomino,… y en todos esos papeles la esencia es la misma. AMOR y ALEGRÍA.
Muchas gracias por enseñarme a disfrutar de la vida, a ser feliz y dejarme de gilipolleces.
Muchas gracias por recogerme cuando estaba triste y siempre hacerme reír.
Has sido y eres el mejor pegamento para hacer que las tres hermanas estemos unidas, para que los Palomino se vuelvan a encontrar y celebren las primadas, para que la amistad del colegio perdure, y eso lo has conseguido (y lo consigues) porque no hay mejor forma de unir que el AMOR, y eso eres tú.
Adoras a tu Pepa. Sí, ¡¡VIVA LA PEPA!! Y sé que has sido muy feliz a su lado y que seguirás cuidándola, acompañándola y dándole todo tu amor.
Has llegado al corazón de mucha gente, de todas las edades. Y si había que bailar y cantar con los Kalandrakas, allí estabas el primero. Y si había que ir a partidos de baloncesto, competiciones de natación en las que la niña solo nadaba 30 segundos o partidos de vóley, allí estabas.
Siempre metiéndonos prisa cuando nos venías a buscar, aunque luego bien decías “sastre vísteme despacio que tengo prisa”.
Papá, me has dejado valores preciosos, el de la alegría, la amistad, la honestidad y mucho, mucho amor.
Y ahora estarás con la Abella que seguro que te está comiendo a besos y llamándote puskarrero.
Nosotras vamos a estar bien, vamos a seguir unidas y sé que estás muy orgulloso de nosotras (cada una con sus casas, ya sabes…).
Muchas gracias por hacerme del Atleti y por todos esos partidos y momentos de emoción compartidos. Y ahora más que nunca sé que mientras otros duermen… tú sigues soñando.
Eres todo un caballero, siempre elegante y con categoría.
Eres el hombre de mi vida.
Me enseñaste a parar, templar y mandar cuando fuimos juntos a las Ventas.
Hay infinitos momentos juntos que me llevo en el corazón. Ese último partido en el Calderón y cómo celebramos juntos el gol.
Ahora tienes que hacer una nueva etapa del camino y te mando mucha luz en este momento de soltar la pesada mochila de la vida.
Ve tranquilo y orgulloso de todo el amor y alegría que dejas aquí.
Ve con coraje y corazón, pasito a pasito, partido a partido.
Sé que vamos a estar siempre juntos así que seguimos en contacto.
Te quiero.
Buen camino, papá.
Buen camino, Miguel Juan”
Este fue el momento de la despedida pero lo mejor es todo lo que hemos compartido antes y después. Todo lo que he vivido contigo y que me has transmitido. Todas esas personas a las que le tocaste el corazón.
Gracias, papá, por enseñarme que hay otra forma de entender la vida. Y la muerte.
Adela
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